Gracias por el Velcro

dissabte, 1 gener

Buenas, aquí una adicta sin ningunas ganas de dejar de serlo. Hoy por hoy no me veo escribiendo el libro Es fácil descolgarse de Amazon, si sabes cómo. Por suerte, la dependencia de mi librería virtual no se carga mis pulmones ni los de los vecinos, sólo repercute negativamente en el saldo de la Visa. Me consuelo con el mismo argumento que utiliza un librero de la barcelonesa calle Verdi en una pizarra dirigida a clientes recelosos: “Quien piensa que los libros son caros no sabe lo que cuesta la ignorancia”.

Mi penúltima adquisición pagada en dólares es Encyclopedia of an Ordinary Life, de Amy Krouse Rosenthal, un volumen inclasificable donde la autora agrupa por orden alfabético sus reflexiones y preocupaciones cotidianas. En la introducción, Amy se disculpa por ser una mujer de 39 años normal y corriente. Demasiado, quizás: “No sufrí abusos sexuales de niña, ni me abandonaron, ni crecí en la cárcel. Mis padres no eran alcohólicos, ni siquiera estaban divorciados, ni mucho menos muertos. No éramos pobres ni vivíamos en un país exótico. No soy un genio incomprendido, ni fui una estrella infantil, ni soy hija de famosos. No estoy enganchada a las drogas, ni al sexo, ni a la comida, ni me encuentro en proceso de desintoxicación de algo. No estoy viva en contra de todos los pronósticos, ni he sobrevivido para contarlo, ni he sido testigo de un hecho extraordinario. Ésta es mi historia”.

Su historia incluye, por ejemplo, una lista de los códigos que todo dios se ve obligado a aprenderse de memoria: los números de teléfono, el número secreto de la tarjeta de crédito, el documento de identidad, el PIN del móvil, la contraseña para acceder al buzón electrónico y (bien: ¡un alma gemela!) la contraseña de la cuenta de Amazon.

Entre otros tesoros, el libro reproduce una carta de rechazo que la autora recibió cuando intentaba publicar un libro anterior: “Lo siento pero no entiendo qué pretende la escritora con esta obra y no sabría cómo promocionarla. Espero que algún editor más listo que yo vea la luz”, adujo con elegancia Geoffrey Kloske, de la empresa Little, Brown and Company. El libro fue publicado por otro sello un año después.

En la entrada correspondiente a la palabra “Thankful” (Agradecida), Amy Krouse Rosenthal da las gracias por tener buena salud, por sus hijos, por el nuevo calentador que le permite lavar los platos mientras otro miembro de la familia se ducha, por la variedad de sabores de las patatas chips, por los zapatos de plataforma, por no tener un trabajo de los que requieren ir con traje chaqueta, por no ser una Kennedy, por el repelente de insectos, por el Velcro, por ignorar lo que la gente dice de ella a sus espaldas y por el sol, que sale cada día sin pedir nada a cambio. También agradece que en la vida real las personas no rompan a cantar como en los musicales, y que las superproducciones de 200 millones de dólares se puedan ver en el cine por un precio razonable.

Pues eso, digo yo: que gracias por todo.

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