Venganzas con sabor a gazpacho

dijous, 1 juliol

Sí, ya sé que la venganza se sirve fría como el gazpacho. Lo que ignoraba es que mi librería virtual me serviría en su punto una buena ración de libros sobre venganzas, por si me apetece devolver la pelota a alguien y no se me ocurre cómo.

Hoy por hoy tengo nulas intenciones de impartir justicia por mi cuenta. Soy una rencorosa con mala memoria, con lo cual mis enemigos pueden dormir tranquilos. Pero, quién sabe, tal vez mañana me despierto con ganas de que reciban la lección que merecen. Entonces agradeceré haber contribuido a dar negocio a Amazon.com cargando a la pobre Visa el importe de tres libros: The Big Book of Revenge, de George Hayduke; 21st Century Revenge, de Victor Santoro; y The Revenge Encyclopedia, de autor anónimo.

Los manuales de venganzas son un clásico en el mercado americano. Sus autores se curan en salud y advierten que los planes expuestos en los respectivos volúmenes son para uso exclusivamente informativo y recreativo. “No pretendemos inducir al lector a cometer actos ilegales”, aseguran, con la misma rotundidad nada creíble de quienes afirman que cualquier parecido con la realidad es puro cuento.

Hecha la aclaración inicial, se lanzan a detallar centenares o miles de venganzas, a cual más salvaje. La verdad, tiene que ser un gustazo llevar a cabo con éxito algunas de las ideas que proponen. Ay, perdón: olvidaba que la mejor venganza es el olvido.

Entre las venganzas más inocuas que describen (y de las pocas que me atrevo a reproducir) está la de llamar por teléfono a los padres de un ex para contarles que su hijo dejó embarazada a otra chica mientras estaba contigo. Él lo podrá negar, pero a sus padres les quedará la duda. Aparte de los dichosos escrúpulos morales, lo peor de esta venganza es que te obliga a hablar con unos antiguos suegros, lo cual no es muy agradable, que digamos.

Otra jugarreta consiste en poner en una revista gratuita el anuncio de la venta del coche, o del piso, de la víctima de la venganza, ofreciéndolo a precio de ganga. El anuncio tiene que incluir el número de teléfono de la persona que pretendemos escarmentar, indicando a los interesados que, por motivos de horarios laborales, tengan la amabilidad de hacer las llamadas a partir de medianoche y a lo largo de la madrugada.

La nuevas tecnologías suponen un freno para según qué venganzas. Hoy en día, antes de hacer una llamada comprometida hay que tener en cuenta que nuestro número aparecerá en la pantalla del teléfono llamado, delatándonos. La mala noticia, pues, es que los avances tecnológicos han convertido en obsoletas determinadas tácticas vengativas. La buena noticia es que avances tecnológicos como Internet han abierto la puerta a un sinfín de nuevas venganzas nunca antes imaginables. Esto es lo que sostiene Victor Santoro en su libro sobre venganzas del siglo XXI. “El vengador no debe tener prisa”, observa Santoro. La esencia de la receta es la misma de siempre: hoy, como ayer, la venganza necesita reposar un rato largo en la nevera.

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