El médico adolescente y otros achaques

dimarts, 1 juny

Los viejos siempre son los otros. Al traspasar la barrera de los treinta, cambió mi percepción sobre los cuarentones: cuanto más me acerco a ellos, más me doy cuenta de que están en la flor de la vida. Mi madre colecciona nietos, pero no por eso deja de comprarse ropa en la planta joven de El Corte Inglés. Incluso se ofende si alguien tiene la desfachatez de llamarla señora (malas noticias, mamá: ya me lo dicen a mí, también). La vejez está permanentemente separada de nosotros por una década y media, poco más o menos. Ésta es la teoría de Randy Voorhees, el autor del libro de citas Old Age is Always 15 Years Older Than I Am.

Considerando la alternativa, envejecer es lo mejor que nos puede ocurrir. Nelson Rockefeller distinguía tres etapas vitales: la juventud, la madureza y “se conserva usted muy bien”. He aquí el secreto de la eterna juventud, según la actriz norteamericana Lucille Ball: “La clave para mantenerse joven consiste en vivir honestamente, comer despacio y mentir respecto a la propia edad”. Es preferible tomarse con humor el paso del tiempo, puesto que no tiene remedio. Lo que es yo, me lo tomo del modo habitual: he celebrado mi cumpleaños (35: casi nada) llenando a tope el carrito virtual de Amazon.

Para reconocer los síntomas de la temida y nunca alcanzada ancianidad, me he regalado los volúmenes Are You Over the Hill?, de Bill Dodds, y You Know You’re 50 When…, de Richard Smith. Te empiezan a pesar los años cuando evitas los espejos de aumento, necesitas gafas para encontrar las gafas, tu médico parece un adolescente y tus hermanos pequeños -que ya peinan canas- siempre especifican en público que son más jóvenes que tú. Sexualmente hablando, te arriesgarías a hacer el amor en la bañera sólo en presencia de un socorrista.

Cumplir años también tiene sus ventajas. Lisa Birnach, Ann Hodgman, Patricia Marx y David Owen han reunido un millar, más tres de propina, en el librito 1.003 Great Things About Getting Older. No necesitas despertador. Se avecina el pago del último plazo de la hipoteca. Tu ropa de hace veinte años vuelve a estar de moda. Los juguetes de tu infancia se cotizan mucho como antigüedades. No te hace falta estudiar historia: ya te acuerdas (hasta que te ataque la pérdida de memoria). No tienes que decidir qué quieres ser de mayor. Si te fueras rejuveneciendo en lugar de envejecer, todo el mundo te odiaría. Puedes recrearte en el placer de la nostalgia. Cada vez tienes más enemigos que han muerto. Y, definitivamente, eres demasiado viejo para morir joven.

El libro What’s in an Age?, de Andrew Postman, nos recuerda que nunca es tarde para según qué logros. Tolstoi terminó Guerra y paz a los 40, Henrik Ibsen escribió Casa de muñecas a los 50, Hitchcock dirigió Psicosis a los 60, Marguerite Duras noveló sus recuerdos en El amante a los 70, Jessica Tandy ganó su primer Oscar a los 80, y Sófocles rondaba los 90 cuando escribió la tragedia Edipo en Colono, considerada una obra maestra.

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