El lápiz ocupado y otras excusas

dilluns, 1 març

Me llamo Eva y soy Amazonadicta. Estoy colgada de la librería virtual Amazon.com. Ya sé que podría ser peor, pero también me podría llamar Rigoberta, y no es el caso. Reconozco que mi adicción sale cara, aunque el dólar pase por horas bajas. A cambio, me resuelve la vida. Porque los yanquis tienen libros para todo. Y así cualquiera lee. O se lanza a comprar libros por Internet.

Por cierto, una escritora y sin embargo amiga me ha invitado a la presentación de su nueva novela. Menudo marrón. ¿Y si coincido con un autor que admiro y descubro que es un cretino en toda regla? No ando tan sobrada de mitos como para irlos perdiendo entre sonrisas forzadas y croquetas de salmón. ¿Y si me ahogo entre tanto ego? ¿Y si me atacan los remordimientos por no publicar algo yo también? ¿Y si me atraganto con el salmón de la croqueta? ¿Y si echo mano de una excusa que no suene a excusa, y en paz?

Pues allá voy. En mi librería de guardia encontraré la solución. Los americanos tienen un grave defecto: están convencidos de ser los mejores. Pero, justamente por eso, carecen de los prejuicios que arrastramos nosotros, europeítos de a pie que nos creemos superiores porque tenemos más historia y más cultura y jamás de los jamases haríamos bodrios como los de Hollywood. En América no sacralizan los libros: se limitan a leerlos. Mis amigos los yanquis no se cortan a la hora de publicar, pongo por caso, un volumen que recoja excusas para cualquier ocasión.

La verdad, tampoco se hundiría el mundo si se cortaran un poco. Acabo de dedicar mi dosis diaria de buceo a buscar libros de excusas, y casi me saturan el carrito virtual. Recurriré a una excusa barata para no mencionarlos uno a uno: tienen títulos largos y se comerían el espacio del modo más soso y repetitivo. Me gustaría conservar la sección por lo menos hasta el próximo QUÉ LEER.

Para ahorrarme un empacho de ego en el dichoso acto literario, llegaré cuando ya no quede ni un solo escritor por metro cuadrado. Y a mi amiga, ¿qué le digo? El médico me recomendó que me tomara las cosas con calma. Estaba a la hora correcta en el lugar equivocado. No encontraba sitio donde aparcar. No tenía nada para ponerme. Mis padres no me enseñaron a ser puntual. Unos extraterrestres me han secuestrado y me han llevado a dar un paseo por Saturno. Mi gato se ha puesto enfermo. En la tele daban un programa tan bueno que no he tenido más remedio que mirarlo. Y hasta aquí puedo leer: Amazon permite ver el interior de algunos libros, pero para ampliar la lista tendré que esperar a que me llegue la compra por correo.

Entre las excusas antológicas está la que soltó Imelda Marcos cuando descubrieron más de tres mil pares de zapatos en los armarios del palacio donde vivía. “Las criadas también guardan sus zapatos aquí ”, dijo la mujer. Que levante la mano quien esté libre de vicios. Harold Ross, director de la revista The New Yorker, preguntó un día a Dorothy Parker por qué había pasado la tarde en el bar en vez de estar trabajando en su despacho. La escritora se quedó tan ancha tras responder: “El lápiz estaba ocupado”.

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