¿Estresada, yo? ¡Nunca!

diumenge, 14 octubre

Para empezar a liberar tensiones, aquí va un chiste. Una mujer acompaña a su marido a la consulta de un especialista. Después del chequeo, el médico llama a la esposa a solas a su despacho y le dice: “Su marido tiene un estrés horrible. Si no hace lo siguiente, sin duda morirá. Cada día, prepárele un desayuno saludable, una comida equilibrada y una cena especial. Sea amable con él y asegúrese de que siempre esté de buen humor. No le agobie con tareas domésticas. No le cuente sus problemas, ni discuta con él por nada. Intente que se relaje por las noches utilizando ropa interior sexy. Anímele a ver deportes en la televisión. Haga el amor con él varias veces a la semana y satisfaga todos sus caprichos.”

De vuelta a casa, el marido le pregunta a su mujer qué le ha dicho el médico. Y ella responde: “Que vas a morir.”

Bromas aparte, el estrés nos puede afectar a todos, especialmente si somos personas frágiles desde un punto de vista emocional. Cierto grado de estrés es positivo, pero en exceso llega a resultar peligroso para la salud. Por eso vale la pena estar alerta y buscar ayuda psicólogica al primer síntoma.

El estrés es una respuesta del organismo ante situaciones de peligro. No es una enfermedad, sino un mecanismo de defensa natural. La secreción de adrenalina puede ser muy útil cuando nos ataca un león en pleno safari o cuando un coche está a punto de atropellarnos, pero se convierte en enemiga de nuestro cuerpo cuando se prolonga en el tiempo.

Los efectos a corto plazo de un exceso de estrés incluyen fatiga, sueño, ansiedad, poco o demasiado apetito, dolores de cabeza y de espalda. A largo plazo, el estrés puede contribuir a provocar graves problemas de salud, tales como una menor resistencia a las infecciones, alta presión arterial y enfermedades cardíacas.

“El estrés es uno de los grandes problemas de la sociedad en que vivimos, porque hay demasiada incomunicación. Pero no hay que identificar el estrés con el cansancio: no siempre la persona con más trabajo es la más estresada. La persona que sufre estrés se siente sobrepasada a nivel emocional”, explica la psicóloga Maria Martínez Vendrell.

Hay circunstancias que pueden favorecer la aparición del estrés, pero que un hecho sea percibido o no como una amenaza depende sobre todo de cada persona. Lo que para ti es un problema, puede ser visto como una ventaja por tu mejor amiga, y como algo ni bueno ni malo por la vecina de arriba. Para que entre en escena el estrés, tan importantes son las situaciones estresantes como los factores de vulnerabilidad y la capacidad de resistencia de cada individuo.

¿Son estresantes los compromisos familiares propios de las fiestas navideñas? Sí y no. “Las reuniones familiares pueden provocar estrés cuando resultan forzadas y nos vemos depasados por ellas, cuando nos sentimos incapaces de asumirlas”, dice Maria Martínez Vendrell. Los niños, auténticos protagonistas de estas fechas, también corren el riesgo de estresarse. Reciben muchas presiones y no siempre las metabolizan de forma adecuada.

Asimismo, la inestabilidad mundial puede desencadenar estrés. “Es posible que las personas emocionalmente frágiles lleguen a identificar los acontecimientos bélicos con la propia situación personal, sufriendo estrés por afinidad”, señala la psicóloga. En Estados Unidos ya se han dado casos de estrés postraumático desarrollado por personas que vivieron en directo el ataque contra Washington y Nueva York del pasado 11 de septiembre. Los enfermos de estrés postraumático tienden a aislarse y no quieren hablar de nada. Cuando no se trata, las secuelas de este trastorno pueden durar años.

Hay situaciones que tienen una alta potencialidad de provocar estrés. Entre los acontecimientos vitales más estresantes, se encuentran la muerte del cónyuge, el divorcio, una estancia en la cárcel, una enfermedad o lesión personal grave, el matrimonio, la pérdida del puesto de trabajo, la reconciliación matrimonial, la jubilación, las dificultades sexuales, el embarazo o el nacimiento de un hijo.

Más vale prevenir. Para reducir las situaciones de sobrecarga que podrían derivar en estrés, tendríamos que reorganizar nuestra agenda de un modo más racional, delegando responsabilidades y aprendiendo a decir “no” a tiempo. Para contrarrestar los efectos nocivos del estrés, contamos con dos buenos aliados: el ejercicio físico regular y las técnicas de relajación. La práctica de un deporte proporciona una forma de escape para la agresividad y la tensión, mejora el funcionamiento cardiovascular y nos permite desconectar de los problemas cotidianos, siempre y cuando no tengamos un ojo pendiente del teléfono móvil mientras pedaleamos en la bicicleta estática. La relajación es ideal para aliviar el estado de tensión muscular.

En opinión de Bruno Comby, autor del libro “Control del estrés”, la superación de un cuadro crónico de estrés pasa por la alteración de los elementos que lo desencadenan. “La solución lógicamente depende de cada caso, pero en la mayoría de las ocasiones basta con una correcta planificación del tiempo y la fijación de unos objetivos más asequibles.” Otras veces, según Comby, será necesario eliminar directamente el factor completo: salir de la ciudad los fines de semana si el tráfico nos resulta insoportable o incluso dejar un trabajo si esto no nos pone en una situación peor, como es el desempleo.

“El estrés es una situación emocional compleja provocada por la incapacidad de poderse centrar en uno mismo –resume la psicóloga Martía Martínez Vendrell–. Cualquier malestar psíquico que nos impida sentirnos bien en nuestra propia piel debería dispararnos la alarma. Tenemos tendencia a pensar que ya nos pasará cuando tendríamos que atacar la raíz del bloqueo.”

A desbloquearse tocan.

Señales de alarma

Según explica Bruno Comby en el libro “Control del estrés” (Ediciones Mensajero), conviene estar alerta a las primeras consecuencias del estrés para evitar que el problema siga creciendo.

–       Falta de concentración, fatiga intelectual, inapetencia a las tareas habituales, descuidos.

–       Dificultad de recuperación, que produce un agotamiento constante. Se hace muy difícil levantarse por la mañana.

–       Descenso del rendimiento intelectual o físico, depresión, tristeza.

–       Fatiga sexual, descenso del deseo, dificultades en la erección y el orgasmo.

–       Nerviosismo, ansiedad, angustia, impaciencia, irritabilidad.

–       Insomnio.

–       Acidez de estómago, indigestión, digestiones difíciles.

–       Dolor de cabeza con excesiva frecuencia.

–       Tics y movimientos involuntarios.

–       Dolores de espalda y cuello.

El psicólogo quemado

El estrés profesional puede desgastar a una persona e incluso conducirla hasta un burn out o “depresión por agotamiento”, como explica la psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen. El síndrome de burn out, también conocido como el síndrome de “estar quemado”, es un tipo de estrés laboral que se da sobre todo en profesionales que prestan servicios humanos directos a otras personas, como médicos, psiquiatras, psicólogos, enfermeras o educadores.

Los síntomas principales del burn out son el agotamiento emocional (se tiene la sensación de que nada se puede ofrecer al paciente, alumno o cliente), la deshumanización (con el desarrollo de actitudes negativas, cínicas e insensibles) y la falta de realización personal (con sentimientos de fracaso y baja autoestima).

(publicat a la revista Woman, 2001)

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